lunes, 19 de marzo de 2012

La hisoria que no deja escribir


Y en ese instante, el Doc entró en la zona gris, antes llamada “hogar”. Entro, con su procedimiento de rutina, se quito su sombrero gastado y mojado por las gotas despiadadas, puso su paraguas en un rincón, se quitó la bufanda. De todos modos, ¿de que podía servirle la lana mojada?
Con los ojos mirando hacia la mesa, ni siquiera se molestó en llamar a su familia, para avisarles que había llegado, si de todos modos parecía que su presencia ni a él mismo le importaba. Casi tambaleándose toma su silla, se acerca a la mesa y se dispone a mirar la pila de papeles como todas las noches desde aquella noche; en la que todo cambió, en la que la atmosfera se cubrió de gris, desde esa noche su presencia no importaba, sus palabras no sonaban, sus pasos no marcaban, su vida no vivía.
Cualquiera recordaría esa noche como la más fría del año, pero para el doc. seria la última noche en la que sentiría el calor de la sangre corriendo por un lugar exclusivo en sus venas, aquella noche el corría junto a su sangre, junto a su futuro, junto a su única chance de vivir y morir o trascender.  Esa noche se abrazó a sus papeles, que eran sin mas que sus ultimas esperanzas. 






 Y quizá a mis palabras solo les falten una historia...













El que quiera la sigue, el ambiente de ese mundo me parece un tanto embriagador, espero que les cause lo mismo.

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